Hoy no estoy aquí. No sé como decirlo, me encuentra la noche pensando en todas las cosas que no hice, todos los besos que no di, todas las conversaciones que esquivé...
Más de una vez me pregunté si vos estarías aquí conmigo, fui y vine más de mil veces en sueños de vigilia tratando de repasar por qué no tuve la valentía de hablarte de frente, por que siempre tuve que esquivar las ganas de verte con la triste agonía de la monotonía.
Nada. Hoy estoy vacío. Detrás de la sombra que proyecta la lámpara hay un espacio lleno de dudas, de reproches, de falta de valentía, de exceso de día a día.
Mañana será tal vez. Ayer igual que hoy.
Ahora me veo desprendido, olvidado, masacrado por la nada que me acecha desde atrás de las cortinas, que cierro por temor a que me vean pensando en vos. Quién sos. Serás tal vez todo lo que soñé. Serán mis ganas de que seas así. Será en definitiva que no puedo hablarte de frente por miedo a que no seas lo que creo que sos.
El miedo a perderte en sueños de vigilia me aterra. Asombrado, ahora, imagino que después serás tan humana como todas, con tus miedos, tus deseos, tus ganas, tu sencillez, tu humildad, tu vuelta de hoja, tu avemaría, tu magdalena, tu ideal definido, tu falta de lógica, tus celos traviesos, tus ganas de mi, mi falta de vos...
La fuerza del miedo me asombra. Si tal es tu fiereza, ¿cuál mi indignación? Qué me importa lo que pierdo si no me animo a perderlo. Qué pierdo si te pierdo, qué gano si te gano. Qué dioses se enojaron para dejar que me lleven de aquí sin nada, pues sin nada me encuentro y es la nada tu ausencia. Tu ausencia que está presente, más presente que yo mismo, que no estoy pues te pienso, y te pierdo al no animarme.